Los agentes contaminantes son partículas sólidas, como por ejemplo hollín, así como vapores, gases, humos y diversas sustancias, a menudo de carácter tóxico, que se vierten a la atmósfera como producto residual de actividades industriales o domésticas y que muy a menudo aunque no sean tóxicos reaccionan allí con otros componentes, transformándose en productos peligrosos, como por ej., ácidos.
En la mayoría de los casos esta contaminación es evitable, ya sea utilizando filtros depuradores, mejorando la eficacia de los procesos o utilizando combustibles menos contaminantes.Los contaminantes suelen dispersarse en la atmósfera a merced de los vientos imperantes, provocando a veces problemas en lugares distantes, donde esos residuos pueden acumularse. La propia dinámica atmosférica facilita de este modo hasta cierto punto la autodepuración, pero contribuye por otro lado a propagar el mal. Otras veces, cuando no sopla el viento, se acumulan formando una especie de hongo por encima de la zona que los genera (visible con frecuencia sobre las grandes ubres) o mezclándose y reaccionando con la niebla para dar lugar al llamado “smog”.
El efecto de todos estos productos no sólo se manifiesta en la pérdida de calidad de vida en las urbes y conglomerados urbanos y en la aparición de enfermedades respiratorias entre sus pobladores, sino que altera también gravemente los procesos de respiración natural de las plantas, provocando a menudo su muerte. De este modo se destruye la base de las cadenas tróficas y, en consecuencia, uno de los principales eslabones del ecosistema terrestre.

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